Un diamante llamado Eje Cafetero


De llegar a concretarse el esquema asociativo de la Región Administrativa de Planeación del Eje Cafetero, (RAP), el desarrollo regional recibirá un fuerte impulso. Todo, gracias a la integración con

Caldas y Risaralda. No hay otra  forma  de lograrlo. Está visto que solos no podemos.

Por años, por décadas, la tarea nos ha quedado grande. No hemos tenido ni  la fuerza ni los recursos  suficientes para alcanzar por si solos el despegue. La idea de los tres gobernadores  según reza el Acuerdo de Intención rubricado en Chinchiná,  el pasado 23 de diciembre –y auspiciado por Findeter– es, “Aprovechar la coyuntura de la construcción de una política pública de Ordenamiento Territorial a escala regional para formular los Planes de Ordenamiento Departamentales, como oportunidad para desarrollar esa visión prospectiva regional y al mismo tiempo departamental”. El Cincuentenario nos  despabiló, como que hicimos conciencia colectiva del atraso. Si medio siglo atrás los problemas nos separaron, la necesidad de resolverlos hoy  nos une. ¡Vaya paradoja!  


Proyecto Diamante

La propuesta se desarrollará bajo la figura de Proyecto Diamante, una iniciativa que –según sus autores– se nutre de la filosofía, Territorios Inteligentes: aquellos   que  asociativamente enfrentan de manera coherente los riesgos y los retos de la globalización, generando capacidad para construir los equilibrios entre la economía, la competitividad, el desarrollo social y la sostenibilidad ambiental y cultural. Esta idea  comenzó a formularse hacia finales de los años noventa por la Fundación Metrópoli, de la Universidad de Pennsylvania, y  se ha venido desarrollando a través de diversos programas, entre ellos El Sistema de Ciudades, adoptado por el Gobierno colombiano mediante el CONPES 3819, DE 2014. La hipótesis de fondo parte de aprovechar el potencial de los  centros urbanos para crear redes o nodos de ciudades más interactivas y tecnológicas,  apoyadas en proyectos estratégicos de largo plazo, buscando generar fuertes sinergias con el propósito de construir relaciones de integración funcional y territorial entre la ciudad y el campo.  Pues, al fin y al cabo, alrededor del ochenta por ciento  de la riqueza mundial se produce en las  urbes. Pero la idea del estudio no es  estimular las mega ciudades, dado que las llamadas ciudades  intermedias son las que en el futuro próximo aportarán más  al incremento del PIB mundial. Sin embargo, dice la teoría Diamante: “…la articulación de los sistemas de ciudades regionales es un proceso que abre enormes oportunidades a las ciudades intermedias y a los territorios de su entorno”. 


En qué consistiría el Proyecto DIamante Eje Cafetero

La idea de los tres gobiernos radica primero en asociarse en una RAP,  y  sobre esa figura de la Ley de Ordenamiento construir un modelo territorial policéntrico en el que las  Ciudades del Diamante, Armenia, Manizales y Pereira, constituyen los nodos  principales para que a partir de los denominados Proyectos-Ciudad-Territorios, “orientados a descubrir las principales oportunidades urbanas y económicas”,  entren en un renovador proceso de  articulación funcional con las demás ciudades y núcleos de menor rango, y se configure así  un particular modelo urbano-rural, sistémico e integrador, en el que fluyan más expeditamente los encadenamientos  generadores de desarrollo. La participación será el punto de partida para construir las claves de futuro del diagnóstico estratégico, y las hipótesis o propuestas iniciales de proyectos. Como que no de otra forma se lograría soldar los vínculos entre las autoridades, las instituciones, la academia, los  gremios y la sociedad civil, para construir  esta propuesta estructural de largo plazo,  en el que la continuidad es un asunto vital.

No se trata de revivir el Viejo Caldas ni los Corpes, si es esto lo que pudiera preocupar a algunos sectores políticos y sociales, recelosos de abrir y  fomentar  las  relaciones  regionales.  La idea es asociarse en una figura donde “todos ponen”, para construir una región moderna, competitiva y sostenible, sobre la base de un sistema de complementariedades, aportando lo mejor de los activos tangibles e intangibles, sin riesgo de perder la autonomía ni la  identidad. 


Potencialidades

Desde un enfoque pragmático esta sería la mejor manera de sacarle partido a las inexplotadas potencialidades del Quindío y del Eje Cafetero: geo-estratégicas, viales, ambientales, turístico-paisajísticas, culturales y económicas, en un novedoso proyecto de  desarrollo territorial.   La ubicación y el perfil de las tres capitales configuran condiciones excepcionales, para crear un territorio con tres núcleos innovadores, apuntalados en proyectos claves que bajo el efecto de fuerzas auto-generadas, dinamicen y renueven la región. El Modelo propiciará relaciones y mecanismos “… de articulación territorial que permitirán generar dinámicas de desarrollo, maximizar el aprovechamiento de infraestructuras y políticas sectoriales, e impulsar procesos de integración entre lo urbano y rural creando una estructura esencial para el equilibrio territorial y el aprovechamiento de los diferentes activos y oportunidades existentes”. Dicho de otra manera, se trata de hacer causa común entre los tres departamentos, para promover el esquivo desarrollo bajo las pautas de la planificación, de la ciencia y de la participación, lo mismo que de  la rancia idea  de la idiosincrasia popular: “la unión hace la fuerza”.  

Nos hemos demorado pero finalmente hemos comprendido que el desarrollo no es una ecuación lineal de una sola solución. En medio de la complejidad hemos avizorado otras opciones probadas exitosamente en otros continentes.  Con absoluta seguridad, en la medida de la constancia, el rigor y la eficiencia –condiciones sine qua non–  los resultados tendrán que  ser excelentes.
     

Experiencias de asociatividad territorial

Poco sabemos del concepto de asociatividad porque ni lo hemos estudiado ni mucho menos practicado. Digamos que es un mecanismo de cooperación para emprender colectivamente tareas que si se enfrentaran  solas, de manera aislada, difícilmente prosperarían. Así debió entenderlo la Asociación de los diez  departamentos de la Costa norte que constituyeron el Proyecto Diamante Caribe y Santanderes, propuesta presentada al Gobierno Colombiano por Microsoft y la Fundación Metrópoli, sobre el que  Findeter afirma que se trata de  “…una operación piloto a nivel mundial sobre el territorio denominado Diamante del Caribe y Santanderes de Colombia para acelerar su competitividad y convertirlo en un motor económico del desarrollo de Colombia, integrando propuestas estratégicas de intervención en el territorio e impulso a las nuevas tecnología”. Cinco ejes estructurantes –logística y transporte, turismo y territorio, agro-economía, energía y el Diamante digital– articulan cerca de sesenta y cinco proyectos, para mover esta  región de  14 millones de habitantes  (la mayor parte en la pobreza), y nueve departamentos que generan el 23 por ciento del PIB nacional.

Pero no son los únicos. De  forma similar los gobiernos de Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Tolima y Meta, crearon desde el 2014 la Región Administrativa y de Planeación Especial, RAPE,  Región Central, entre otros propósitos para “… garantizar la ejecución de planes y programas de desarrollo integral y de prestación oportuna y eficiente de los servicios a su cargo, así como el desarrollo económico y social, la inversión, la competitividad del territorio objeto de su competencia y el bienestar de sus habitantes”.    


Replanteamientos  necesarios

Llevamos años intentando  generar desarrollo pero esa meta se aleja cada vez  más, especialmente de la población con menores ingresos, y mucho más de los sectores marginados. Algo debemos hacer en el Quindío para superar el aislacionismo y el simplismo bajo el cual pretendemos avanzar. Estamos obligados a aprender las lecciones de la historia. El devenir de la humanidad se ha caracterizado, de manera general, por el  avance permanente hacia estadios cada vez más cualificados, en buena medida gracias al  replanteamiento  de los paradigmas y modelos que han guiado al hombre en su afán de indagar, de conocer, de ampliar las fronteras mentales para despejar las incógnitas. Tenemos que dejar de ser simplistas y tradicionalistas. Debemos replantear, innovar, generar nuevas estructuras: de  pensamiento, de cultura, de  administración pública, de hacer política; nuevas estructuras territoriales, nuevas fuerzas y dinámicas de auto-organización, para no seguir dependiendo del pasado heroico, de las bonanzas, de la suerte. Necesitamos construir una sociedad sólida, con capacidad de asociarse,  progresista y sustentable, con un modelo de gobernanza abierto, participativo, democrático, sobre la base de conceptos modernos, hoy proscritos por el conservadurismo y la politiquería, que poco  quieren  saber  de ciencia, de investigación, de cambio, de asociatividad, de buen gobierno. Más de una vez hemos declarado que el individualismo ha sido el mayor obstáculo para construir una mejor sociedad. Estamos en un momento excepcional para empezar a superarlo. El Proyecto Diamante puede significar el  punto de quiebre de la inercia regional.

 

Por Eddie Polanía Rodríguez (* )

epolaniavision2020@gmail.com
Profesor Universitario
Especialista en:
Planificación y desarrollo Regional
Economía Cafetera

©2017 venalquindio.com | TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS VEN AL QUINDÍO ES UN PRODUCTO DE LA CRONICA S.A.S. - VER TÉRMINOS Y CONDICIONES