La Tebaida, turismo y arqueología


El ‘Edén Tropical del Quindío’, al ser la puerta de entrada del territorio cafetero desde el sur de Colombia, pretende mostrar a sus visitantes lo mejor de su infraestructura para el turismo y sus

sitios culturales:  el parque Bolívar con sus tradiciones, ardillas y bancas antiguas. 

La plaza Nueva con su monumento y el corredor gastronómico.  La plaza del Bicentenario, con el museo de la Quindianidad en su entorno.  El parque Fabiola Botero.  El parque Didáctico del Tránsito.  La casa de la cultura.  Las fábricas de muebles de guadua, como Arangoa y Bambusa.  El centro de convenciones Amanecer y su bella estructura de guadua.

También sus paisajes del valle de Maravélez, historias fabulosas como ‘El berraco de La Tebaida’ y los aspectos del patrimonio inmaterial —artesanías de guadua, calceta de plátano o los trabajos de cáscara de huevo— son tenidos en cuenta.

Sin embargo, otro destacado punto patrimonial podría potenciarse al turismo, siempre en el ámbito de la responsabilidad y manejo consciente de los recursos que entran en ese ámbito. Se trata de los bienes más delicados, los arqueológicos, aquellos que son el legado de todos los ciudadanos como así lo determina la Constitución, al considerarlos propiedad de la nación, inajenables, inembargables e imprescriptibles.

La Tebaida fue excluido de la consideración del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia, como patrimonio de la humanidad, a pesar de poseer fortalezas en uno de los atributos del PCC, el patrimonio arqueológico.  Tal decisión de la Unesco es inconveniente, pues en su territorio se encuentran valiosos yacimientos prehispánicos que se llaman regularmente petroglifos —de ‘petros’, piedra y ‘gliphos’, grabado—.

La Tebaida, desde su fundación, está unido a historias de guaquería y arqueología que hoy podrían constituir un insumo para el turismo cultural del Quindío.  Los siguientes son los datos que sustentan esta proyección:
Una de las familias fundadoras, los Arango Cardona —y especialmente don Luis— se dedicaron a principios del siglo XX a explorar de manera rudimentaria las sepulturas indígenas de dichos contornos, constituyendo ello uno de los hechos de guaquería —saqueo de tumbas indígenas— más famosos de Colombia.  Culminadas dichas labores, sucedió la fundación en 1916.

 

Obra odiada y curiosa
En 1924, don Luis publicó el primer tomo de una obra odiada y curiosa. Recuerdos de la guaquería en el Quindío fue un suceso editorial de esa época y hoy se podría constituir en un filón de información, desde la antropología interpretativa, sobre la historia provincial del Quindío en las primeras décadas del siglo XX y con relación a la vida cotidiana y ceremonial de los pueblos arqueológicos, pues el autor relata detalles tipológicos de las piezas de oro  y de cerámica saqueadas, así como de las formas de nichos funerarios y de sitios alterados por la acción no científica de cientos de guaqueros.

Gran parte de las colecciones de cerámica antigua del Quindío procede de los yacimientos funerarios de La Tebaida, como copas y ánforas con pintura negativa y policromía.

Se recuerdan en el registro toponímico dos sitios excavados después del terremoto de 1999 que, por las piezas encontradas allí, se llamaron ‘El Cántaro’ y ‘El Cantarito’.

Es el único municipio quindiano que cuenta con un acuerdo municipal, el 007 de febrero 28 de 1995, “por medio del cual se dictan normas para la protección del patrimonio arqueológico”.

Posee un monumento del espacio público muy singular dedicado a la guaquería. Por su curiosa creación, esta es una escultura que se debe conocer, así se considere una apología a esta nefasta actividad. Fue elaborada por el maestro Víctor Hugo Mendoza y se encuentra en el parque Luis Arango Cardona o Plaza Nueva.

La colección arqueológica de la casa de la cultura podría ser más numerosa y profusa. Sin embargo, es representativa de las culturas indígenas que ocuparon el territorio antes de la conquista, especialmente lo que corresponde al periodo Tardío.

Tres petroglifos encontrados
Dos aspectos se destacan: en su territorio se encontró, de manera ocasional, una ‘punta de proyectil’. Este es un objeto de piedra que fue empleado por pueblos de cazadores y recolectores hace nueve mil años. Su hallazgo lo registraron dos arqueólogos en 1970 en terrenos del aeropuerto El Edén.

El otro aspecto se relaciona con el denominado arte rupestre. Tres petroglifos se han registrado en su jurisdicción: ‘la piedra del indio’, ‘la piedra de la familia’ y ‘la piedra de San José’.
Durante muchos años, el petroglifo ‘la piedra del indio’ fue visitado por locales y turistas, pues sus diseños antropomorfos y uno zoomorfo llamaban la atención.

Fue cubierto por una corriente de la quebrada que lo alberga en el año 2012. Las piedras ‘de la familia’ y ‘de San José’ presentan detalles de salamandras y espirales y, junto con otros petroglifos del resto del Quindío, ellos son estudiados por la Asociación de Antropólogos del departamento en aras de presentar una nueva dimensión turística: ‘La ruta de la piedra’, que también comprendería otros vestigios históricos del Quindío, pero manejada por profesionales guías del campo antropológico.

Mientras tanto, en La Tebaida, un lugar podría ser el depositario de información y de piezas arqueológicas: el museo de la Quindianidad, un recinto subutilizado en la oferta turística y cultural de la región.

 

Por Roberto Restrepo Ramírez
y Néstor Eduardo Hernández Morales

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